Conmemoración del fin de la Segunda Guerra Mundial (8 de mayo de 2018) [fr]

Discurso del Sr. François Vandeville, primer consejero de la Embajada de Francia en México
Conmemoración del fin de la Segunda Guerra Mundial

Pantéon francés, cementerio de La Piedad, Ciudad de México
8 de mayo de 2017

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Señores representantes del Gobierno mexicano, del Secretario de la Defensa Nacional y del Secretario de Marina,
Sr. Gérard Maréchal, Cónsul General de Francia,
Sr. René Girard, Presidente de la Federación de las Asociaciones Patrióticas Francesas en México,
Señores agregados de defensa acreditados en México,
Señoras y señores consejeros consulares,
Damas y caballeros:
Estimados amigos,
Muy buenas tardes.

Hace 73 años finalizaba en Europa la guerra más sangrienta de la historia de la humanidad. Más de cincuenta millones de mujeres y de hombres, la mitad de ellos civiles, perdieron sus vidas durante este conflicto mundial. Fue necesario, no obstante, esperar hasta el 2 de septiembre de 1945, con la capitulación de Japón, para que las hostilidades cesaran en todos los continentes.

El 8 de mayo de 1945, Francia y Europa, cuya reconquista de la libertad había comenzado varios meses antes, recobraban finalmente la paz.

Para las francesas y los franceses, es el fin de una terrible prueba que había comenzado seis años antes.

Para los Aliados (a cuyos representantes aquí presentes, saludo cordialmente) es una victoria que recompensa años de esfuerzos pagados con la sangre derramada.
Cada mes de mayo desde hace 73 años, Francia, con fuerza, rinde homenaje a las mujeres y a los hombres que permitieron la Liberación y la Victoria de los valores democráticos, frente al nazismo y el totalitarismo.

Algunos que vivían en el extranjero, en particular en México, habían optado por la Francia libre combatiendo en las fuerzas francesas, al lado de otros diecinueve países aliados que se unieron para liberar a la Madre Patria y al resto de Europa bajo la ocupación nazi.

Si bien el 8 de mayo de 1945 simboliza la victoria de la paz, la libertad y la democracia, esta fecha marca también el final de un terrible conflicto, que estuvo marcado por un desencadenamiento de violencia hasta entonces desconocido en la historia. Es preciso acordarse, hoy día, de todas estas mujeres, de todos estos niños, de todos estos hombres que sufrieron y que cargaron con este sufrimiento mucho tiempo después de la guerra y hasta su muerte: los refugiados, las víctimas de los bombardeos, los presos de guerra, los que sufrieron enfermedades mentales, los deportados, los “caras rotas”, los sobrevivientes de la Shoah y de la barbarie.

Estas memorias de valor, coraje y sufrimiento deben seguir viviendo, más allá de las conmemoraciones; seguir viviendo en los lugares que las encarnan como los monumentos y los sitios cargados de historia; pero también en las escuelas para que la juventud y la sociedad se acuerden de que de todos estos sufrimientos y de toda esta valentía, nació Europa libre, solidaria y en paz: una herencia por la que tanta sangre fue derramada y de la que debemos seguir siendo los guardianes, los cancerberos.

Nuestro encuentro está profundamente enraizado en nuestra historia: es la expresión de nuestra vigilancia del presente ante las tentativas de regreso al pasado, contra la intolerancia, el fanatismo y el retorno de los nacionalismos; es la expresión de nuestra vigilancia por la paz, el respeto por la dignidad humana y de los derechos del pueblo.

Aquí, frente a ustedes y ante este monumento que honra a los héroes de ayer, me gustaría expresar el reconocimiento y la admiración de Francia a todos aquellos que combatieron al lado de los aliados, quienes nos legaron valores de valentía, compromiso y solidaridad; a los franco-mexicanos que murieron por la libertad; al pueblo británico que supo decir “no” mientras que otros, con mucha frecuencia, se dejaron tentar por un pequeño “sí” o lo defendían abiertamente; al Escuadrón 201 de la Fuerza Aérea Expedicionaria Mexicana y a esos jóvenes soldados estadounidenses y canadienses que, del otro lado del océano, fueron a Europa para liberarla, y sin cuya contribución nada habría sido posible.

Quisiera también rendir homenaje a los 6 600 militares franceses que combaten hoy día, lejos del territorio nacional, en el Sahel, en Siria, en Líbano, y que participan en las operaciones de mantenimiento de la Paz, y quienes siguen enarbolando los colores de Francia al servicio de los valores que triunfaron el 8 de mayo de 1945.
Por último, me gustaría terminar rindiendo un homenaje particular a la amistad franco-alemana que nació de una reconciliación considerada como ejemplar para el mundo entero y fundada sobre el reconocimiento concertado de un pasado común lleno de orgullo, pero también de grandes pesares.

A pesar de que nuestros dos pueblos se destrozaron durante cerca de un siglo y medio, nuestra reconciliación hoy día transformada en amistad sincera, ha permitido la creación de una Europa de la post-guerra que nunca habría podido convertirse en la Europa, tal como la conocemos en la actualidad. La que ha sido testigo de la reconciliación de su historia y su geografía. La que ha sido testigo del advenimiento de esta Europa libre, solidaria y relativamente en paz durante más de 70 años. Queridos amigos europeos establecidos en México: ¡qué orgullo haberlo logrado juntos! ¡seamos sus dignos herederos!

No obstante, la actualidad y lo que pasa en todo el mundo nos recuerda que la paz no es un logro para toda la vida. Por ello nos corresponde enseñar a las nuevas generaciones cuán valiosa y frágil es.

Este día nacional nos da la oportunidad de recordar que la memoria de los acontecimientos del 8 de mayo de 1945 debe vivir, y que debe transmitirse.

¡Viva la República y viva Francia!

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Dernière modification : 08/05/2018

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